Base antideslizante
Agarra el tapizado en vez de patinar sobre él. Es lo primero que falta en una manta común, que apoya y nada más.
Él merece estar con vos. Tu tapizado no tiene por qué pagarlo.
El pelo clavado, las uñas que tiran hilos, la tierra del paseo, la mancha que no salió más: todo eso ahora queda arriba del cover. Lo sacás, lo lavás, y el sillón que pagaste en cuotas sigue como el día uno. En el asiento del auto, igual. Se terminó el “bajá de ahí”: pueden convivir sin que estés vigilando.
El cover se mancha. Tu sillón no. Esa es toda la idea: el líquido no lo atraviesa, así que lo que caiga queda arriba. Después lo tirás al lavarropas y listo. Cubre el asiento, no los apoyabrazos.
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No es que sea maleducado.
No es que no entienda.
Es que arriba del sillón estás vos,
y él quiere estar con vos.
Pasás el rodillo, sale la mitad. Se acuesta una hora y volviste al principio. En la tela clara se ve desde la puerta.
Entra, se sube y deja el recorrido dibujado. Y la tela clara no perdona nada.
Escarba para acomodarse y engancha. Un hilo tirado no se arregla: queda para siempre, justo donde más se ve.
Un accidente, el bebedero volcado, el mate. Baja a la espuma y ahí se queda: la mancha, y el olor que aparece los días de humedad.
Cinco minutos arriba del asiento y la tapicería queda con pelo, tierra y las marcas de las uñas. Y el auto no se lava en el lavarropas.
Se la acomodás a la mañana. Se sube, gira dos veces y a la tarde está hecha un bollo contra el apoyabrazos, con medio sillón al descubierto.
Y en el medio, vos retándolo veinte veces por día. "Bajá". Baja. A los diez minutos está arriba otra vez. No lo vas a corregir con paciencia: la manada duerme junta y él te ve como manada. Lo único que podés cambiar es lo que hay entre él y tu sillón.
Casi todo el mundo empieza así: una manta vieja doblada sobre el asiento. Es gratis y algo hace. El problema es que dura puesta hasta que él se sube y gira una vez.
Y sobre todo: la manta absorbe. Lo que se derrama la atraviesa y termina en la espuma del sillón, que es exactamente lo que querías evitar.
Es el mismo gesto que ya hacés todos los días. La diferencia es que este está cortado para el asiento, no se corre, y lo que cae no llega abajo.
Todo lo que le ponés encima al sillón falla en lo mismo: dura puesto hasta que él se acomoda. Este no, y no es magia: son tres cosas juntas.
Agarra el tapizado en vez de patinar sobre él. Es lo primero que falta en una manta común, que apoya y nada más.
Una parte se mete entre el asiento y el respaldo y queda anclada ahí. Para arrastrarlo tendría que sacarlo de esa ranura primero.
De punta a punta, según el largo que elijas. No queda un borde suelto colgando que él pueda enganchar con la uña y llevarse puesto.
Traducido: no vas a estar acomodándolo cada vez que se levanta, ni vas a encontrarlo hecho un bollo en una punta con medio sillón al descubierto. Se acomoda una vez y queda.
El número de cada talle es el largo real que cubre: el Talle M rinde hasta 180 cm de asiento, el L hasta 210. Todas tienen 90 cm de profundidad. Medí el ancho de brazo a brazo y elegí el que llegue a esa medida — si te sobra, mejor.
Poné la cinta en la cara interna de un apoyabrazos.
Llevala derecha hasta la cara interna del otro.
Buscá el talle cuyo largo llegue a ese número o lo pase. No midas los apoyabrazos: el cover va sobre el asiento.
Que sobre no es un problema, es lo que querés. El excedente se pliega y se mete entre el asiento y el respaldo: ahí queda trabado y el cover se mueve menos. Lo que no perdona es que falte, porque queda un borde del sillón al descubierto justo donde él se acuesta. Ante la duda, siempre el más grande.
¿Esquinero o con chaise longue? Elegí la opción de 2 piezas: viene una de 90 × 210 cm para el cuerpo largo y otra de 90 × 160 cm para el retorno. Medí los dos tramos antes de pedirla para confirmar que entran.
Son las dos superficies caras que tu perro usa todos los días y que no podés meter en el lavarropas. El mismo cover resuelve las dos.
Se sube con vos, se acuesta encima y el tapizado ni se entera. Ni pelo clavado, ni hilos tirados, ni manchas que no salen.
Lo tirás sobre la butaca y viaja tranquilo. Después lo sacudís, lo doblás y va en el baúl. La tapicería del auto es lo más caro de recuperar.
Si duerme con vos, cubrís la parte de abajo del acolchado. Ese pedazo se lava aparte y no te lava toda la ropa de cama cada vez.
Lo levantás y el sillón queda impecable para las visitas. Sin correr con el rodillo mientras golpean la puerta.
“Tenía el sofá de lino claro lleno de pelo negro. Lo puse y dejé de pelearme con ella. Lo lavo cada dos semanas y queda como nuevo.”
“Lo compré por las uñas, que ya me habían tirado hilos del apoyabrazos. Cubre bien y no se mueve, que era lo que más miedo me daba.”
“Mi perro es viejito y a veces se le escapa. Se volcó y no pasó nada abajo. Solo por eso ya se pagó.”
El grueso del pelo sale afuera con dos sacudidas. Así no le metés todo eso al lavarropas.
Ciclo suave y jabón común. Sin lavandina ni suavizante: atacan la capa que frena el líquido.
El calor fuerte arruina la impermeabilidad y aplasta la canaleta de la pana. Colgado se seca rápido y no queda arrugado.
Si hubo un accidente, levantá el grueso con papel apenas lo veas: como el líquido no pasó a la espuma del sillón, no queda olor en el sofá. La mancha en el cover sale en el lavado. Entre lavado y lavado alcanza con un paño húmedo o una pasada de rodillo, y si la pana quedó marcada de un lado, se le pasa la mano siguiendo la canaleta y se acomoda sola.
Probalo 30 días en el sillón y en el auto. Si se te corre, si no te cambia la relación con tu perro y tu living, te devolvemos la plata.
El sillón es de los dos. El problema, de ninguno.
Cubre sofá de uso doméstico confeccionado en pana bastón. Cubre la base o asiento del sofá; no cubre apoyabrazos ni respaldo. La sujeción antideslizante y la caída dependen de la forma y el tapizado de cada sofá. La capa impermeable evita el traspaso de líquidos al tapizado en uso normal: el cover puede mancharse y se limpia mediante lavado. No es un producto sumergible ni a prueba de mordidas, cortes o escarbado intenso. La sujeción depende de la forma y el tapizado de cada sofá. Lavar con agua fría, sin lavandina, suavizante ni secarropas. Supervisá el uso en perros que muerden tela. Las medidas pueden variar hasta 3 cm por tratarse de un producto textil.
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